La danza de las cueras continúa su recorrido por cada rincón del municipio, llevando consigo el sonido del tambor, la flauta y el corazón de la tradición que no se apaga. A cada paso, entre calles y barrios, van invitando a las familias a ser parte de una de las celebraciones más esperadas.
Con su paso firme y ceremonial, los danzantes no solo anuncian una fiesta, sino que mantienen viva una herencia que se transmite de generación en generación, donde la alegría, la fe y la identidad del municipio se encuentran en un mismo ritmo.
Así, el llamado se extiende: vivir la feria no es solo asistir, es formar parte de una tradición que sigue latiendo en cada danza, en cada nota y en cada encuentro del pueblo.





